En la antigua Grecia ya se debatía sobre los beneficios de la actividad física. El médico Galeno[1] fue uno de los primeros en expresar los riesgos que el ejercicio podía entrañar para el corazón: «Los atletas llevan una vida contraria a los preceptos de la higiene y según a mi entender más favorable a la enfermedad que a la salud. Si ya mientras se mantienen activos su organismo se encuentra en peligro, el deterioro es aún mayor tras abandonar su vida profesional; de hecho si no fallecen al poco tiempo, nunca llegan a alcanzar una edad avanzada».

Estas primeras afirmaciones sobre los efectos del ejercicio físico contrastan con los estudios desarrollados en las últimas décadas. La actividad física de tipo aeróbico, con una intensidad ligera a moderada, individualizada, y de larga duración, produce, a criterio de Boraita Pérez[2], una serie de adaptaciones de índole cardiovascular, metabólico, osteomuscular y respiratoria, que conllevan beneficios para la salud.  Entre dichas adaptaciones se encuentra la disminución de la frecuencia cardíaca, el aumento del volumen de las cavidades y grosor de los espesores parietales, el incremento del volumen sistólico y el aumento de la densidad miocárdica y de su capacidad de dilatación.  Esta autora sostiene que la peor forma cardiorrespiratoria conlleva un riesgo comparable en importancia al de las cifras de presión sistólica elevadas, el tabaquismo, la obesidad y la diabetes.

En el estudio CARDIA, realizado por Carnethon y colaboradores[3] se evidenció que los individuos con baja forma física presentaron de 3 a 6 veces más probabilidad de desarrollar factores de riesgo cardiovascular, como hipertensión, diabetes o síndrome metabólico, que los que presentaban buena forma física.

En cuanto al tipo e intensidad de ejercicio físico necesario para obtener beneficios cardiovasculares, Tanasescu y colaboradores[4] evaluaron a 44.452 varones de entre 40 y 75 años, pertenecientes al Health Professionals Follow-up Study, y concluyeron que la actividad física de la carrera, las pesas y el remo se correlacionaron con una reducción significativa del riesgo cardiovascular. Los varones que corrían 1 hora por semana tuvieron una reducción del 42% del riesgo; los que entrenaban con pesas un mínimo de 30 minutos por semana y los que remaban un mínimo de 1 hora tuvieron una reducción del riesgo del 23% y el 18% respectivamente.

Por otro lado, Boraita Pérez señala que no está claro cual debe ser la duración de la sesión de ejercicio para disminuir el riesgo cardiovascular. Aunque el tiempo, a criterio de esta autora, no parece influir, sí influye, según nos cuenta Lee y colaboradores[5], la cantidad de energía gastada en cada sesión, de tal forma que consumir gran cantidad de energía, a criterio de estos autores, reduce el riesgo ajustado por la edad. Myers y colaboradores[6] afirman que la capacidad funcional del individuo, después de ajustarla para la edad, medida en MET durante una prueba de esfuerzo máxima, se comporta como un potente predictor de mortalidad en varones con y sin enfermedad cardiovascular. Según este autor, por cada MET que se incrementa la capacidad de ejercicio, se mejora un 12% la supervivencia.


[1] Galeno. Sobre las facultades naturales: las facultades del alma siguen los temperamentos del cuerpo. Ed. Plaza, 1ª Edición, 2003, p. 1-218.

[2] Boraita Perez, A. “Ejercicio, piedra angular de la prevencion cardiovascular”. Revista Española de Cardiologia, 2008, vol 61

[3] Carnethon, MR; Gidding, SS et all. “Cardiorespiratory fitness in young adulthood and the development of cardiovascular disease risk factors”. JAMA, 2003, nº 290, p. 3092-3100

[4] Tanasescu M, Leitzmann MF y col.Exercise type and intensity in relation to coronary Herat disease in men”. JAMA, 2002, nº 288, p. 1994-2000

[5] Lee, IM; Sesso, HD et al. “Relative intensity of physical activity and risk of coronary heart disease”. Circulation, 2003, nº107, p. 1110-1116

[6] Myers, J; Prakash, M et al. “Exercise capacity and mortality among men referred for exercise testing”. New England Journal Medicine, 2002, nº 346, p. 793-801

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